¿Qué es y por qué se produce la ciática?

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Si dibujamos el sistema nervioso periférico, nuestro cuerpo se parecerá a un erizo: del cerebro y la médula salen a modo de ramas 86 nervios. Luego se dividen en incontables ramitas, como si fueran hilos muy finos que llegan a cada rincón de nuestro cuerpo. En un principio, pueden aparecer problemas tanto en los grandes nervios como en sus pequeñas ramas; los síntomas sin embargo, aparecerán en las zonas inervadas por el nervio dañado o en sus funciones. Aun así, existen lugares de riesgo; ya sea por la estructura concreta de una zona del cuerpo o porque algunas actividades de la vida diaria puedan producir ciertas lesiones. Algunas de esas “zonas de riesgo” más importantes están en la columna vertebral:  las zonas por las que salen los nervios de la médula hacia el cuerpo.


Estos “pasillos” que ya son estrechos de por sí, pueden estrecharse aún más por algunos problemas (artrosis, hernia, reuma…), afectando a los nervios que pasan por ahí. Para concretar aún más, la mayoría de este tipo de lesiones ocurren en la unión del sacro con las lumbares. La gran movilidad de esta zona, por un lado y  el tener que cargar con la mayoría del peso del cuerpo, por otro, suele traer un gran desgaste de la columna.

Sabiendo esto, intuimos que de los 86 nervios los que más oportunidad de lesionarse van a tener son: L4, L5, S1, S2 y S3 (los dos últimos nervios lumbares y los tres primeros del sacro)

Los cinco salen de la columna vertebral, y se unen para formar un nervio grueso: el nervio ciático. Llamamos ciática al conjunto de síntomas que se dan a consecuencia de la lesión del nervio ciático. De unos casos a otros cambia mucho (recordemos que el nervio ciático está formado por 5 nervios más pequeños) En función de cuál de ellos se haya lesionado, los síntomas serán diferentes: dolor en las lumbares, en el culo, en la pierna, problemas de sensibilidad en la piel, falta de fuerza muscular… Como podréis entender, la preocupación principal del paciente son los síntomas; pero, para encontrar salida al problema es imprescindible aclarar el origen de la ciática, es decir, el diagnóstico. De hecho, como hemos dicho antes la palabra “ciática” sólo da nombre a los síntomas, por tanto no es un diagnóstico aceptable.

La ciática puede ser un síntoma común de un gran número de problemas distintos: hernia de disco, estrechamiento del canal medular, sobre estiramiento ligamentoso, problemas musculares, desequilibrios posturales, embarazo, artrosis, traumatismo… El aclarar el origen del dolor puede suponer buena parte de la solución, permitiendo un tratamiento más adecuado: medicación, fisioterapia, cirugía…  Dentro de los tratamientos, por supuesto, hay muchas posibilidades. Hablando de mi trabajo como fisioterapeuta, con la terapia física podemos controlar la inflamación de las raíces nerviosas (ultrasonidos, técnicas neurodinámicas…), se puede aliviar la degeneración del disco o de las vértebras (Técnicas de tracción, movilidad de las pequeñas articulaciones…), podemos tratar los músculos que entorpecen al nervio ciático (técnica de contracción-relajación, estiramientos, masaje…), corrección de la postura (ejercicios, respiración)…

Aun así, el paciente no debe dejar toda la responsabilidad de la curación en manos del fisioterapeuta. La ciática no ha venido por casualidad, sino como consecuencia de nuestras actividades de la vida diaria, y, por esta razón, debemos ser capaces de estudiar nuestras actividades y poder cambiarlas.
Si eres dibujante, por poner un ejemplo, estarás muchas horas al día sentado y esto generará tensiones en tu cuerpo; deberías hacer deporte y estiramientos para aliviar esas tensiones y para mejorar la postura que mantienes durante el trabajo. Siguiendo por este camino, las posibilidades de padecer una ciática serán mucho menores.

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